Vino

Tipos de vinos: clasificaciones de vino según diferentes criterios

España pasa por ser uno de los grandes productores de vino del planeta. En concreto ocupa la segunda posición como potencia mundial en este apartado, solo superada por Italia, la número uno, y por encima de países como Francia y Estados Unidos, que se sitúan en los escalones tercero y cuarto, respectivamente, de esta clasificación.

Aproximadamente un tercio de la producción autóctona de este caldo de uva se consume en nuestro país, mientras que el resto se exporta más allá de las fronteras nacionales, especialmente a China, Alemania y Estados Unidos.

De acuerdo con la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), en 2020 hubo un receso en cuanto a las cantidades de vino producidas en la Unión Europea, lo que ha afectado a las cosechas españolas, a pesar de que la climatología ha sido favorable para su cultivo y producción.

Con todo, la calidad del producto no se ha visto mermada: la oferta se mantiene y la demanda, aunque diferente por las circunstancias especiales que fueron motivadas por el Coronavirus, permanece inamovible dentro de las preferencias de consumo.

Y es que la riqueza existente en el panorama español, en lo que a variedad de vino se refiere, hace que sea este un producto muy preciado. Ideal para compartir durante una copiosa comida, para brindar con familiares y amigos o para regalar en una ocasión especial.

Proceso de elaboración del vino

Desde que se recoge la uva hasta que servimos el vino en una copa transcurre el proceso de elaboración del vino, que está compuesto de ocho pasos: vendimia, despalillado y estrujado, maceración, fermentación, descubado, prensado, fermentación maloláctica y embotellado.

Vendimia

La recolección de la uva es el primer paso en la producción del vino. Por lo general, los meses de septiembre y octubre, con la llegada del fin del verano, es cuando se lleva a cabo la recogida de la fruta. Es importante que haya alcanzado el estado de maduración necesario para que el producto final sea de la mayor calidad posible.

Despalillado y estrujado

Se separan las uvas del racimo para que estos no aporten toques amargos al caldo. Después, la fruta se pasa por una pisadora para romper la piel – el hollejo – y así extraer todo el jugo. Este proceso es delicado ya que se ha de evitar que por el camino se partan las semillas, útiles para añadir amargura al caldo.

Maceración

El zumo resultante se mantendrá a una temperatura concreta, y bajo supervisión, durante unos días.

Fermentación

Gracias a las propias levaduras, el azúcar que contiene la uva se convertirá en alcohol etílico en lo que se conoce como proceso de fermentación alcohólica.  El tiempo del proceso varía en función del vino y también la temperatura a la que tiene que reposar, aunque nunca puede llegar a los 30º centígrados.

Descubado

Se procede a vaciar la cuba en la que el vino estaba fermentando y se separan los restos, ya sean las lías – en el caso de la uva blanca – o los hollejos – en el caso de la uva tinta –.

Prensado

Se extrae el líquido, mediante una prensa, que aún queda del descube. La parte restante, principalmente sólida, se aparta para elaborar otros productos derivados como el orujo.

Fermentación maloláctica

A fin de reducir la acidez del vino para su consumo se vuelve a someter a una segunda fermentación. Es lo que se conoce como envejecimiento y el tiempo que ha de permanecer en las barricas puede ser hasta de varios años.

Embotellado

Una vez que el vino está listo para su consumo es embotellado para su distribución. En algunos casos, parte del envejecimiento del vino también se realiza en la botella.

Vinos españoles

La industria vinícola española ofrece una amplia carta de botellas. Como consumidores, lo primero que apreciamos en un vino es su color y de esa forma tan sencilla podemos distinguir tres opciones en cualquier estantería: tinto, blanco y rosado. Hay más, como veremos más adelante en este mismo artículo, pero comencemos hablando de estas variedades, las más sencillas de identificar con el sentido de la vista.

Vinos blancos

Para la elaboración de este caldo, que se consume en el planeta desde hace milenios, se emplean uvas blancas. Una de las principales diferencias que guarda este tipo de fruta con las uvas de color rojo es su proceso de maduración: necesitan menos temperatura para alcanzar un estado óptimo para el consumo.

Una vez que están listas, las uvas son recolectadas (vendimia) y aplastadas para convertirlas en zumo de uva (mosto). Después, el caldo obtenido es fermentado para lograr que los azúcares que contiene se transformen en alcohol etílico.

Vecrima Godello 2019

Vinos tintos

La tonalidad característica de este líquido se debe, como ya mencionamos previamente, al tipo de uva que se utiliza: roja o tinta. El proceso para su obtención es muy parecido al del vino blanco, simplemente varía el de maduración, que ha de realizarse en lugares con temperaturas más altas ya que la fruta necesita más calor para llegar a su punto óptimo de consumo. Después, tras la vendimia y la consecución del zumo, este se fermenta para obtener la bebida, que ya casi estaría lista para su consumo.

Hay un matiz, sin embargo, que no debe dejarse de lado cuando hablamos de vino tinto y es su envejecimiento.

Según el tiempo que haya reposado el vino tinto en la barrica, primero, y en la botella, después, veremos que existen diferentes posibilidades: joven, crianza, reserva y gran reserva.

Ramón Bilbao 2017

Joven

Este tipo de vino no ha pasado por la barrica o el tiempo que ha estado en ella no es suficiente para ser considerado para la siguiente categoría. Su comercialización, por tanto, es inmediata tras su elaboración.

Crianza

Se considera que un tinto es de crianza cuando ha reposado un mínimo de seis meses en barrica. El tiempo podría ser mayor, hasta un año, y después es embotellado para cumplir los veinticuatro meses desde su producción. Cumplido este tiempo ya se puede poner a la venta.

Laya 2019

Reserva

Para poder ser consumido tienen que haber transcurrido tres años. El primero de ellos, como mínimo, tiene que esperar en barrica.

Luis Cañas Reserva 2013

Gran Reserva

El caldo más cotizado, y el más difícil de elaborar, ha de guardar reposo en barrica por, al menos, dieciocho meses. Una vez que es sacado de la barrica y puesto en botella tiene que cumplir un mínimo de seis años antes de su comercialización.

Protos Gran Reserva 2011

Vinos Rosados

A caballo entre el blancos y el tinto, el rosado tiene hasta tres formas diferentes de producirse: por mezcla, por contacto con los hollejos (pulpa, semillas, pieles o tallos) o por sangrado.

Por lo general se emplea uva tinta para su elaboración aunque en ocasiones también se usa la uva blanca. Este método de producción es el que se conoce por mezcla.

El color tan característico de esta bebida resulta del contacto con los hollejos, igual que sucede con el tinto, pero el tiempo en el que permanece es menor y, por ello, la intensidad es más pequeña. Eso nos conduce a la segunda forma de producción.

La tercera y última que hemos mencionado, por sangrado, es, quizás, la más especial. Esta técnica viene derivada de la producción del vino tinto. En su afán por darle un color mucho más intenso al vino tinto, el productor desecha el zumo rosa que se consigue en la primera fase de la elaboración. Después, ese líquido es fermentado por separado para producir el rosado.

Merayo Rosado 2018

Vinos Claretes

La fermentación de este vino es muy similar a la que se realiza con los tintos, es decir: junto con los hollejos. Sin embargo, la uva blanca, en una proporción importante, es añadida para clarear el color del líquido.

Hace algunos años se utilizaba la palabra clarete para referirse a los vinos tintos de crianza o reserva de La Rioja que, durante su período de envejecimiento, perdían su color rojo intenso.

Contenido de azúcar

El proceso de fermentación del mosto, que contiene glucosa y fructosa, propicia que ese azúcar de la fruta se convierta en alcohol. Esta concentración de azúcar que podemos encontrar en cada vino se mide en grados Baumé y según la cantidad se establece una clasificación para ser posteriormente diferenciados.

Así, encontramos cuatro tipos de vino según la proporción de azúcar que contengan una vez que han sido embotellados: seco, semi-seco, semi-dulce y dulce.

Seco

Contabilizamos menos de 5 gramos de azúcar por litro.

Semi-seco

La proporción de azúcar oscila entre los 5 y los 30 gramos por litro.

Semi-dulce

Aumenta el azúcar hasta, como máximo, 50 gramos por litro.

Dulce

Contiene más de 50 gramos de azúcar por litro.

Esta clasificación de vinos según el contenido de azúcar es exclusiva de los llamados vinos tranquilos. Estas bebidas, a diferencia de los espumosos, no contienen gas. Para ellos se ha establecido una clasificación diferente que veremos a continuación.

Contenido de gas

Como hemos podido constatar, los vinos tranquilos no poseen gas, o si lo encontramos en el interior de la botella es de una forma residual, difícil de apreciar. Lo que sí sabemos es que muchos otros vinos contienen esas famosas burbujas.

Para conseguirlas, los productores pueden emplear dos procesos diferentes: añadirle el gas de manera artificial, tal y como sucede con los refrescos, o llevar a cabo una segunda fermentación, que tiene lugar en la propia botella. El dióxido de carbono que se produce en el interior se disuelve en el líquido dando lugar a las burbujas.

Aguja

Ya sea por una segunda fermentación o añadido de manera artificial, esta variante de vino contiene una proporción residual de anhíbrido carbónico. La presión máxima es de tres atmósferas a 20 grados de temperatura.

Espumosos

El espumoso por excelencia en España es el cava si bien se trata de una Denominción de Origen Protegida (D. O. P) per se. Se produce mediante el metodo tradicional – una segunda fermentación tras el embotellado – y se emplea uva blanca para la obtención del mismo.

Más allá del cava, España produce una interesante lista de vinos espumosos por buena parte del territorio, si bien se diferencia del cava en su proceso de elaboración – se añade el gas de manera artificial -. Estos vinos cuentan con una presión superior a tres atmósferas a 20 grados de temperatura.

Un detalle a tener en cuenta a la hora de calificar estos vinos espumantes es la cantidad de azúcar que contienen. Estos pueden ser: Brut natura, Extra brut, Brut, Extra seco, Seco, Semi-seco o dulce si bien esta última variedad es casi una rareza.

Brut natura

Menos de 3 gramos de azúcar por litro (sin ser añadido de manera artificial).

Extra brut

Se pueden encontrar hasta 6 gramos de azúcar por litro.

Brut

Entre 6 y 12 gramos de azúcar por litro.

Extra seco

A partir de 12 gramos y hasta un tope de 17 gramos de azúcar por litro.

Seco

No más de 32 gramos de azúcar por litro.

Semi-seco

Puede variar entre los 32 y los 50 gramos de azúcar por litro.

Dulce

Por encima de los 50 gramos por litro.

En los últimos años ha ido en aumento la elaboración de los espumosos con bajo contenido de azúcar, especialmente las variedades Brut Nature y Extra Brut. Esto ha propiciado que las bebidas con más azúcar, los Dulces y Semi-secos, hayan perdido presencia.

Además, la clasificación de vinos espumosos, según el tiempo que pasen en crianza, se pueden dividir en: joven, reserva y gran reserva.

Joven

Ha transcurrido entre 9 y 15 meses desde su elaboración y hasta su puesta a la venta.

Reserva

El tiempo de crianza oscila entre los 15 y los 30 meses.

Gran reserva

Más de 30 meses en crianza.

Vinos según crianza en barrica o en botella.

El tiempo que el vino permanece en reposo, ya sea en barrica o en botella – o una mezcla de ambas -, es lo que se conoce como envejecimiento. Seguro que en alguna ocasión has escuchado aquello de “¡qué bien envejece este vino!” de boca de algún experto en la materia – o alguien que pretende serlo -.

Bromas a un lado, si atendemos a los parámetros de envejecimiento del vino encontraremos las siguientes ‘etiquetas’:

Vino noble

Superada la primera etapa del proceso de producción, el vino es volcado en una barrica de roble, de un máximo de 600 litros de capacidad, en donde permanece al menos año y medio (18 meses). Esta crianza puede cumplir parte de ese tiempo en botella.

Vino añejo

El tiempo de crianza, en este caso, aumenta ligeramente hasta los dos años (24 meses). Igual que el vino noble, el caldo ha de permanecer en barrica de madera de roble de 600 litros, como máximo, de capacidad. En caso de ser retirado antes de que se cumpla ese período, la crianza rematará en botella.

Vino viejo

La paciencia es la clave para este tipo de vino. Son necesarios tres años (36 meses) de crianza para que factores como el calor, la acción de la luz y del oxígeno hagan su trabajo y doten al caldo del cuerpo marcadamente oxidativo.

Diferenciar los vinos según su origen

La industria vinícola española se ha encargado de modernizar sus procesos de producción en las últimas decadas. En ese afán por proteger su producto y evitar que otros se adueñasen de una marca, o sacasen provecho del esfuerzo ajeno, se crearon las ‘etiquetas’ de “Denominación de Origen”, “Pago” y “Vino de la Tierra”.

Estas sirven para demostrar al consumidor la procedencia de la uva que ha sido empleada en la elaboración del vino que va a consumir. Por citar las más famosas, entender de lo que estamos hablando, y reconocidas: Rioja, Ribera del Duero o Toro. Hay más, decenas de ellas, repartidas por toda la Península Ibérica.

Vino de mesa

Esta acepción está en desuso aunque antes se utilizaba para referirse al vino corriente, aquel que se bebe durante la comida. No posee indicación geográfica ni tampoco denominación de origen y su elaboración, en muchos casos, es de carácter familiar.

Vino de la tierra

Tal y como deja claro su nombre, un vino de la tierra es aquel que se produce en una zona o región del país. Para conseguir este ‘etiquetado’, el porcentaje de uva de dicha área, que se utiliza para completar el vino, ha de ser de, como mínimo, el 85%.  Además, la bodega en donde se lleva a cabo tiene que ser situada en la misma zona.

En la actualidad existe medio centenar de vinos de esta categoría en más de la mitad de las comunidades autónomas de España.

Pago

El vino de pago es un tipo de Denominación de Origen Protegida (D. O. P) española por la cual se garantiza la procedencia de la uva, la calidad de la misma y su singularidad por el paraje (pago) en donde es cultivada y tratada.

La totalidad de la uva con la que se consigue el vino tiene que proceder de la región protegida y su proceso de elaboración, crianza y almacenaje tendrá que realizarse por separado del resto de vinos.

En España hay más de una decena de vinos con esta identificación, la mayoría en las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha, Navarra y la Comunidad Valenciana.

Denominación de origen

Con toda seguridad son estos los vinos más famosos, tanto en nuestro país como más allá de las fronteras, debido a su calidad en el proceso de elaboración y producción. Para que un vino reciba esta vitola tiene que cumplir una serie de requisitos muy estrictos: el 100% de la uva de procedencia de la zona con denominación de origen, calidad demostrable gracias a las características geográficas propias o prestigio en el mercado por su origen.

Hay un total de 70 Denominaciones de Origen de vino en España, algunas de las cuales, como Rioja, Ribera del Duero o Toro, ya citamos previamente. Campo de Borja, Cigales, Empordá, Jumilla, Ribeira Sacra o Valdeorras, por continuar con la lista, también forman parte de ese selecto club.

Diferenciar los vinos según su tipo uva

Uno de los grandes tesoros nacionales que tiene España es su materia prima, muy cotizada. La uva no es una excepción y gozamos de una rica variedad que permite elaborar deliciosos vinos. Dependiendo de la zona geográfica, las características del suelo o las condiciones climatológicas, esta fruta se cosecha y madura mejor en uno u otro lugar y ahí radica el éxito de los productores, que han sabido conjugar sus conocimientos para conseguir su objetivo.

Además de su color, cada uva aporta matices diferentes así que su mezcla podría resultar explosiva, tanto para bien como para mal.

Las uvas más utilizadas son: airén, alarije, albarello, albariño, albillo, alcañón, alicante, arinarnoa, bobal, borba, brancellao, bruñal, cabernet franc, cabernet sauvignon, caíño, calagraño, callet, cariñena, cayetana, cencibel, chardonnay, espadeiro, esquitxagos, ferrón, fogoneu, forastera, forcayat, garnacha blanca, garnacha tinta, garnacha tintorera, godello, graciano, hondarribi, jaén, juan garcía, juan ibáñez, lado, lairén, listán blanco, listán negro, loureira, macabeo, malbec, malvar, malvasía, manto negro, marcelan, mazuelo, mencía, merenzao, merlot, merseguera, moll, monstarell, morisca, moristel, moscatel, moza fresca, negra de madrid, negramoll, palomino, pardillo, parellada, parraleta, pedro ximénez, petit verdot, pinot chardonnay, pinot noir, planta fina, planta nova, prieto picudo, riesling, rufete, samsó, sauvignon blanc, souson, subirat parent, sumoll, syrah, tempranillo, tinta de toro, tinta del país, tinto fino, torrontés, treixadura, trepat, ull de llebre, verdejo, verdello, verdil, verdoncho, viognier, xarel-lo y zalema.

Vino varietal o monovarietal

Aquellos vinos que han sido producidos utilizando solo un tipo de uva, sea cual sea, reciben este nombre. También se emplea este término para referise a aquellos caldos en los que existe un claro predominio de aroma de una determinada variedad de uva.

Vino multivarietal, genérico o de corte

Vinos elaborados con, al menos, dos tipos de uva diferente. En el caso de que solo se hayan empleado dos uvas se denominará bivarietal.

Vinos especiales

Las características que poseen este tipo de vinos no están determinadas, de manera exclusiva por la uva, sino también por la técnica que se ha implementado en su proceso de producción.

Entre los vinos especiales más reconocidos, destacamos: vino de crianza bajo velo, vino de licor, vino espumoso, vino gasificado, vino dulce y vino helado.

Vino de crianza bajo velo

Casi la totalidad del vino de crianza bajo velo se elabora hoy en día en Andalucía. Es en el conocido como “Marco de Jerez” en donde se produce este selecto caldo.

La particularidad del proceso es la que le da ese sabor y carácter tan reconocido. Y es que el mosto de yema obtenido antes del prensado de la uva es fermentado a una temperatura de entre 22º y 24º grados centígrados en lo que se denomina fermentación tumultuosa.

Durante esa primea fase del proceso, el 90% del azúcar del mosto de yema se convierte en alcohol etílico y anhíbrido carbónico, mientras que en la segunda fase, llamada fermentación lenta, se obtiene el vino seco con una graduación de 11º-12º.

Se llama “bajo velo” por la capa de levadura que se forma en la superficie del vino una vez que se encuentra dentro del barril.

Vino de licor

Los vinos de licor reciben una cantidad extra de alcohol con el objetivo de aumentar su contenido hasta el 20%. Por lo general, las levaduras del vino quedan inactivas al alcanzar un 15% de alcohol por lo que es preciso añadir otra bebida del tipo brandy.

El ejemplo más famoso en nuestro país es el vino de Jerez.

Vino gasificado

Coinciden con los espumosos en que ambos contienen anhíbrido carbónico si bien la burbuja es de mayor tamaño y de menor persistencia una vez que ha sido servido en la copa.

Vino dulce

Durante el proceso de fermentación del mosto, estos vinos reciben alcohol vínico añadido con la clara intención de detener dicho proceso. Como resultado de esa fermentación parcial, el vino conserva buena cantidad de los azúcares naturales dando lugar a bebidas como el Moscatel, la Mistela o Pedro Ximénez.

Vino helado

Antes de la recogida de la uva durante la época de vendimia, esta ha sufrido un proceso de congelación natural por las condiciones climatológicas. El efecto que provoca esa baja temperatura en el interior de la uva hace que pierda hidratación.

El resultado es un vino dulce, fresco y con gran aroma.

Vermut

Probablemente una de las bebidas más consumidas a la hora del aperitivo durante los fines de semana. Se trata de un vino macerado en hierbas y que suele encontrarse en dos colores: rojo y blanco. El primero es más dulce mientras que el segundo es más seco y suele contener una mayor graduación alcohólica.

En la última década han proliferado las producciones de vermut debido a su alta demanda.

Vino naranja

Compuesto por uva blanca, pero siguiendo los procesos de elaboración del vino tinto, consigue esa tonalidad característica al dejar que el mosto macere junto con la piel de la uva.

No debe confundirse el vino naranja con la Denominación de Origen (D. O.) del Condado de Huelva, en donde se elabora un vino que se aromatiza empleando cascaras de naranja.

Vino aromatizado

En esta categoría es en donde entra el vino naranja D. O. del Condado de Huelva, el más famoso de los vinos aromatizados de España. El vino blanco es sometido a un macerado de cortezas de naranja amarga antes de pasar al proceso de envejecimiento por, al menos, 24 meses.

Txakolí

Tradicionalmente blanco y producido con uvas con elevada acidez, el txakolí se elabora con dos variedades de uva de origen vasca: hondarribi zuri – blanca – y hondarribi beitz – tinta –. Contiene una proporción de anhíbrido carbónico – gas – mayor o menor según la zona de origen.

Maridaje

Ahora que ya te has convertido en un experto en vinos solo te falta saber qué vino combina mejor según con la comida que vayas a degustar. Este maridaje, por la unión del vino con el alimento, es muy común en todo el mundo.

Por lo general, cuando vas a un restaurante de categoría es la figura del sumiller la que te hace las recomendaciones necesarias de acuerdo con la selección de platos que vayas a escoger. Como no siempre vas a tener a un experto de mano, te ofrecemos algunas recomendaciones generales para que tu experiencia con el vino resulte de lo más agradable posible y así saques el mayor provecho.

A la hora de tomar un aperitivo, antes de la comida, un vino de Jerez, Manzanilla o Montilla-Moriles va a encajar a la perfección.

Los vinos tintos jóvenes maridan bien con carnes como la ternera, el cordero o el pollo; también con el jamón o los embutidos.

Si lo que mas disfrutas es descorchando una botella de crianza, reserva o gran reserva, los quesos más fuertes, como los azules, el buey o los estofados son ideales como acompañamiento.

Cuando en la mesa te encuentres con marisco, lo recomendable es apostar por el vino blanco. Para ser más concretos por uno seco y ligero, que potenciará el sabor del mar tan característico que te encontrarás en el plato.

El vino blanco también combina fenomenal con el pescado, sin importar la forma en la que haya sido cocinado. En este caso se recomeinda un vino con más cuerpo que el servido con el marisco.

A la hora de tomar el postre no hay ninguna duda en elegir un vino dulce. Los postres con bizcocho o chocolate agradecerán esa explosión de sabor en la boca. Aunque es menos típico, en algunas zonas de España se escoge un queso agrio para como colofón para aparearse con el vino dulce.

Para terminar están los vinos espumosos o el cava. La tradición en España es abrir una botella para brindar durante algún acontecimiento especial o incluso para festejar la llegada del nuevo año tras haber ingerido la docena de uvas con las campanadas. Esta bebida combina bien con cualquier plato ya que no le resta propiedades.

Por supuesto, estas son solo algunas recomendaciones ya que si el vino es bueno, en ningún caso va a estropear una buena comida.

¡Salud!

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