Vino

Cómo se hace el vino. Proceso de elaboración del vino.

El vino es una de las bebidas más famosas del planeta gracias a su presencia en casi cualquier tipo de celebración. En España tenemos hasta fiestas locales dedicadas a este zumo cuyo origen es la fruta de la uva. Sus diferentes colores, matices, sabores, aromas e incluso texturas hacen de ella la gran protagonista en los procesos de elaboración.

Seguro que has podido disfrutar de más de un vino y siempre servido desde una botella. Pero, ¿cómo se hace el vino? Vamos a recorrer el proceso de elaboración paso a paso.

Uva

Lo primero y más importante para producir un vino de calidad es tener una materia prima de categoría. Encontrar la uva correcta, plantar la vid, cuidarla para que no sufra las inclemencias del tiempo ni tampoco alguna enfermedad o plaga que acabe con ella, es una tarea que recae sobre los distintos profesionales que conforman el mundo vitivinícola.

Existen dos tipos de uva, que podemos clasificar según su color: blanca o tinta. Estas se pueden mezclar de muchas formas: blanca y blanca, tinta y tinta y también blanca y tinta. De esta última unión nacen los vinos rosados.

Dentro de cada tipo de uva se pueden encontrar diferentes variedades, que son las que aportan los matices a los vinos. Igual que existen manzanas de diferentes sabores, unos ácidos y otras más dulces, por no entrar en más detalles, con la uva ocurre exactamente lo mismo.

Algunas de las uvas blancas más famosas de España son: verdejo, macabeo, airén o albariño. Por otro lado, las uvas tintas más conocidas en terreno española son: tempranillo, mencía, garnacha o monstarell. Estos son solo algunos ejemplos puesto que la lista podría continuar durante varios párrafos.

Con las uvas se pueden producir dos tipos de vinos diferentes: monovarietales y varietales. Los primeros contienen un 100% de la misma variedad de uva mientras que en el segundo caso hay más de una uva – y sus porcentajes son distintos en cada caso –.

Maduración de la uva

La mano del hombre vuelve a entrar en juego en el segundo paso de la elaboración del vino. Gracias al estudio y a la experiencia se ha logrado una mejora en la calidad de los vinos. Esto se debe a que se ha ido probando en qué situaciones rinde mejor la uva y se logra acceder a todo el potencial que ofrece cada variedad.

En pocas palabras, los profesionales han conseguido – o al menos eso es lo que persiguen – encontrar el punto adecuado de maduración de la uva. De esa forma, la fruta aporta la acidez y cantidad de azúcar necesaria para que el resultado sea un caldo delicioso.

Llegados a este punto se produce la vendimia, que no es otra cosa que la recogida de la uva. En muchas ocasiones se emplean máquinas para la recolección y en otras se realiza de manera manual. Después esa uva es llevada hasta la bodega en donde comenzará el siguiente paso en este proceso.

Prensado o estrujado

Llega el momento de sacar a la uva todo su zumo y para ello se procede con un estrujado o prensado, según el vino que se vaya a elaborar. El resultado será el mosto, que es el zumo de la uva.

En el caso de las uvas blancas se les retirará la piel para prensar, en primer lugar, y fermentar, después, Este segundo paso en este proceso se hará en enormes cubas o depósitos, según la metodología que se quiera seguir. Con el fin de evitar que se queden impurezas del prensado, el mosto reposa primero para que los restos caigan al fondo. Después se realiza el trasvase a otros depósitos limpios en donde se monitorizará la fermentación a entre 20 y 24 grados centígrados.

Si hablamos de las uvas tintas no se retira la piel y el resultado del estrujado, – zumo, pieles y demás –, se pasa al tanque o el depósito que cada bodega proponga para que arranque el proceso de fermentación.

En este caso se busca que el resto de elementos que acompañan al mosto, como las pieles, aporten cualidades al producto final. Cuanto más tiempo pasen en compañía, mayor cuerpo adquiere el caldo por lo que se tiene que controlar este proceso de maceración. La razón es que no se busca la misma estructura en todos los vinos tintos.

La temperatura de fermentación es más alta que en el caso de los vinos blancos aunque nunca por encima de los 30 grados centígrados.

En el caso de los vinos rosados, que ya sabemos que mezclan uva blanca y uva tinta, lo que se necesita es dar color al vino. Para ello, después de haber estrujado las uvas y sacar el zumo de mosto, este se junta con los hollejos – los restos de las pieles – de la propia fruta para que modifique la tonalidad del caldo.

Crianza

En este momento, sin entrar en detalles sobre la crianza, ya hemos logrado elaborar un vino. Ahora solo faltaría probarlo para asegurarse de que es apto para el consumo y proceder a su envasado antes de ser distribuido. Existe un paso entre medias, sin embargo, que merece la pena recorrer para saber más sobre la producción.

La crianza se realiza conseguir un aumento cualitativo de este elixir. Muchos bodegueros deciden guardar durante un tiempo determinado el vino para que de esa forma adquiera más matices que lo convertirán en un producto mucho más preciado.

Existen 3 tipos de crianza: oxidativa, reductiva y mixta.

La crianza oxidativa se produce en grandes barricas de madera y ahí dentro el vino es sometido a oxidación. El resultado es un vino más intenso, tanto en sabor como en color.

La crianza reductiva se realiza en la botella. Ante la ausencia de oxígeno, el vino mantiene intactas sus cualidades. El resultado es un vino más ligero y suave.

En la crianza mixta, el vino se almacena primero en barricas para su oxidación y después en botellas para conservarlo.

 

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