Vino

HISTORIA DEL VINO

España es el primer viñedo del mundo, cuenta con casi un millón de hectáreas de vid, y produce más de 40 millones de hectolitros de vino cada año. Esta industria mueve alrededor de 6.500 millones de euros cada 365 días en nuestro país y representa el 1% del PIB. De acuerdo con los últimos datos publicados, existen más de 4.200 bodegas repartidas por las 17 comunidades autónomas que, en global, exportan algo más de la mitad de lo que producen.

 

En España tenemos un consumo de 11 millones de hectolitros cada año y gastamos más de 1.000 millones de euros en este zumo de uva alcoholizado.

 

De un tiempo a esta parte, el sector vitivinícola ha tratado de mostrar al público la forma en la que elabora este producto, desde el cultivo de la uva, pasando por la vendimia y hasta la crianza o envejecimiento del vino. En este sentido, la población ha mostrado gran interés en conocer más sobre esta bebida que lleva cientos de años entre nosotros. El turismo enológico ha explotado y es una de las preferencias para aquellos que buscan conectar con la naturaleza y desconectar del mundanal ruido.

 

Según la Federación Española del Vino (FEV), casi 3 millones de personas visitan, cada año, las bodegas y museos de las Rutas del Vino en España.

 

Pero, ¿qué sabemos realmente del del vino? ¿Cuál es su origen? ¿Cuándo aparecieron las primeras uvas?,¿En dónde? ¿En dónde se produjo el primero vino? ¿Es España uno de los pioneros en la producción?

 

Vamos a tratar de resolver algunas cuestiones relacionadas con esta sabrosa, y milenaria, bebida.

 

Origen del vino

 

La uva es el punto de partida en la historia del vino, como no podía ser de otra forma. La conocida como vitis vinifera sylvestris  – la parra –  fue hallada por primera vez en Asia Central, datada por los expertos en la era neolítica, a través de restos arqueológicos.

 

De esta vid salieron tres tipos de uva diferentes, uno de los cuales, la vitis occidentalis, es el antecesor de la fruta que hoy en día se emplea para elaborar esta bebida.

 

El hombre tuvo que asentarse para cultivarla y dejar atrás la vida nómada, así que todo apunta a que la uva original comenzó a producirse cuando se cambiaron los hábitos y llegó el sedentarismo a la conducta humana.

 

Los especialistas no se ponen de acuerdo a la hora de señalar el momento y lugar exacto en el que surgió el vino. Por un lado están los que aseguran que se originó de manera fortuíta al fermentar el zumo olvidado en una vasija. Otros, en cambio, afirman que pudo ser una uva infectada por un hongobotrytis cinerea – la que propició el descubrimiento.

 

En lo que sí coinciden unos y otros es en fechar en la Edad de Bronce el origen del vino. Después, con la llegada de los imperios y el comercio, su expansión se produjo a través de las diferentes rutas de la época por buena parte de Europa y Asia.

Evolución histórica

 

Egipto, Grecia y Roma

 

Los egipcios fueron los primeros en apasionarse con el vino. Lo bebían en celebraciones y tenía un marcado carácter social así que se convirtió en un producto muy cotizado. A través del río Nilo comenzaron a cultivar la vid y, con ayuda del comercio martítimo, se desarrolló toda una industria alrededor de su fruta.

 

Algunos hallazgos han revelado que esta civilización fue pionera a la hora de almacenar el vino. Se llenaban vasijas y se marcaba, tal y como se hace hoy en día, los datos relacionados con el proceso de elaboración. De esa forma se llevaba un control sobre el envejecimiento del vino y aquellos caldos con más tiempo de crianza eran los favoritos entre las clases altas.

 

En algunas pirámides se han descubierto pinturas en las que se recrea la vendimia o la producción de este zumo y junto con algunos sarcófagos se han encontrado ánforas en las que se almacenaba el vino.

 

Pasaron varios siglos hasta que, y tras su extensión, el vino llegó a las civilizaciones clásicas. Los griegos, igual que los egipcios, primero, y los romanos, después, pronto convirtieron el vino en culto. Tanto es así que tenían un dios del vino, Dyonisos, que solía representarse con una copa de este líquido entre sus manos.

 

También durante esta época se comercializaron diferentes variedades de vino, que se movía entre ciudades y que comenzaron a clasificarse por sus diferentes tonalidades, aromas y sabores. Además de exportar su producto, en territorio griego se importaba de otras zonas del Mediterráneo para satisfacer las demandas de las personas con más poder en la sociedad.

 

Los romanos introdujeron sus conocimientos para exprimir, y nunca mejor dicho, todo el potencial que les ofrecía la vid. De esa forma comenzaron a experimentar con diferentes tipos de uva y revolucionaron el método de transporte, hasta ahora en vasijas, principalmente de barro, para llenar cubas de madera. Se sabe, también, que apareció una figura específica, el vinatero, que se encargaba de almacenar, aromatizar y demás funciones que, hoy en día, están en manos del bodeguero.

 

A pesar de la creencia popular, especialmente por las múltiples referencias en el cine, en el arte y la cultura en general, el vino tinto era despreciado por los nobles, que encontraban en el blanco todo un lujo al alcance de unos pocos privilegiados.

 

Baco, que casi siempre aparecía representado con un racimo de uvas, una copa de vino o bien con hojas de parra, era el dios del vino para los romanos.

 

Edad Media

 

Durante la Edad Media, el vino pasó a estar controlado por la iglesia, brazo ejecutor de los señores feudales. Eran los monjes los encargados de almacenar este producto y lo hacían en barricas de madera, tecnología que habían copiado del Imperio Romano.

 

Así fue cómo surgieron las primeras bodegas, tal y como las conocemos hoy en día. Con asiduidad se encontraban cerca de las iglesias o incluso en las propias iglesias, monasterios o abadías. Era un bien tan cotizado que debía guardarse ante los posibles hurtos.

 

Siglos atrás, durante la conquista árabe de la Península Ibérica, el vino había pasado a un segundo o tercer plano. Las leyes religiosas no compartían el desaforado gusto de civilizaciones anteriores y la producción se estancó hasta tal punto que resultaba una insolencia cultivar uva para elaborar vino.

 

Fue tras la Reconquista que se recuperó la tradición que habían dejado griegos y romanos para continuar con un legado que fue posible expandir, y mejorar, gracias al intercambio de conocimientos, a través del Camino de Santiago.

 

Edad Moderna

 

El Imperio español cruzó pronto el Atlántico para establecer colonias allende los mares. Introdujo la vid y exportó otros cultivos de gran valor para comerciar en Europa. Fue una época de esplendor, especialmente con el Renacimiento, que impulsó definitivamente la industria vinícola.

 

Fueron muchos los que comenzaron a perfeccionar los procesos de producción y algunas regiones se labraron una fama a nivel internacional, como fue el caso de Burdeos o Borgoña. Su bebida era preciada por los más ricos y etiquetada como delicatessen.

 

Entre las nuevas técnicas estaba el embotellado y la aparición del corcho.

 

¿Cuándo llegó el vino a España?

 

La civilización fenicia fue la que introdujo el vino en España. Antes ya había uva en la Península Ibérica, pero hasta entonces no se había elaborado esta bebida, así que en el año 1.100 a.C, con los fenicios instalados en en sur de España y la costa del Mediterráneo, comenzó su producción en lo que hoy es suelo español.

 

Las bodegas de la época funcionaron durante siglos y su producto llegó, incluso, hasta la capital del Imperio Romano. Precisamente esta civilización fue la que se encargó de expandir el negocio gracias a las excelentes vías de comunicación, que conectaban Hispania con Roma. Antes, los griegos habían llevado el cultivo de la uva por las costas catalanas.

 

Tras la invasión árabe, la posterior reconquista y la modernización general, el vino se fue estableciendo como producto de calidad y comenzó a hacerse un nombre. Pero se produjo una situación inesperada que a punto estuvo de dar al traste con todos los esfuerzos: la aparición de la plaga de la filoxera de la vid.

 

La exportación de vides americanas a tierras francesas produjo un brote en 1868. A partir de ahi se fue expandiendo por importación a otros países y en España se registra la primera filoxera diez años más tarde, en 1878. A partir de entonces todos los esfuerzos se centraron en controlar y acabar con esta plaga a fin de mantener sana la economía vitivinícola. Durante varias décadas se originaron brotes que, unidos a los momentos de enorme carestía que asolaba a la población por las guerras, tanto civil como mundial, llevaron a muchos profesionales a dar por perdidas sus cosechas.

 

Fue a partir de los años 30 y 40 cuando se formaron las primeras cooperativas, que recuperaron el valor perdido antes de arrancar con la época dorada del vino español..

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